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Soy nadie
En mi flor
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Soy nadie
En mi flor

Tras la máscara

Texto:  Semíramis González, comisaria. 


El 15 de mayo de 1886 fallecía en Massachusetts una de las escritoras más destacadas de la literatura universal, Emily Dickinson. Ocurría con ella, como con tantas otras olvidadas de la Historia, que tendría que pasar mucho tiempo antes de que se reconociera su trabajo y sus escritos, y su nombre apareciera en las genealogías de la literatura moderna. El caso de Dickinson es más grave aún, ya que hasta no hace mucho se había dado de ella la imagen de mujer frívola, poco interesante y sin un ápice de creación distintiva. Y sin embargo, tal y como han señalado las investigadoras Ana Mañeru y María Milagros Rivera, el trabajo de la escritora encierra un mensaje contrario a las convenciones de la época, especialmente cuando se leen sus poemas en versión original, respetando el género femenino que usa constantemente. 
 
Así descubrimos que sus palabras se dirigen a otra mujer, a una muy cercana, Susan Huntington Gilbert, amiga de la adolescencia y cuñada de Dickinson, que se convertiría en su editora y hasta la persona que amortajó y vistió en el funeral de la poeta americana. 

En un ejercicio de sinestesia, Estefanía Martín Sáenz (Bilbao, 1982) traslada las palabras de Emily al lienzo y al trazo del dibujo, dándoles una nueva dimensión donde lo visual y lo literario van de la mano. El interés de la artista por transformar los relatos literarios le llevó antes a crear universos paralelos para Las Ausentes, esas figuras femeninas de los cuentos de siempre que sólo aparecen de refilón, medio ocultas. Con este proyecto ganaba el Premio DKV-MAKMA, recuperando a la madre de Juan sin miedo, la Bruja del Este de El Maravillosos Mago de Oz, la Señora Miller de 'Rumpelstiltskin' y a Susana, Juana y Ana de Las princesas delicadas. O en Las chicas de M. Shelley, donde aportaba nuevos imaginarios de lo monstruoso desde la perspectiva de la creación femenina.   

Fue precisamente todo este corpus de investigación de Estefanía lo que más me interesó como comisaria. Su trabajo se plasma a través de telas que compra e interviene; más allá del lienzo en blanco, los dibujos y la pintura de Sáenz se expanden para llegar a telas ya historiadas y darles un nuevo sentido. Sus protagonistas parecen salir del tejido, se desparraman por la tela a través de dibujo o el hilo que la artista cose. La artista encuentra la inspiración en los poemas de Dickinson, que acompañan a muchas de las piezas en la exposición, y las figuras resultantes son, precisamente, un tanto inquietantes, parapetadas tras una máscara que oculta rostros o manos. Son metáforas poéticas que se comprenden leyendo entre líneas, al igual que le ocurre a los poemas de la escritora americana.   

Esta exposición en la galería Gema Llamazares presenta una producción totalmente nueva de Sáenz, que se estrena aquí también en su primera individual en la galería de arte. Pareciera como si la clásica oposición entre la poesía y la pintura, ut pictura poesis, encontrase aquí un lugar cómodo donde asentarse y resolverse. Una exposición en torno a la palabra y lo visual para acercarse y entrar de lleno al universo creatio de Estefanía.