Helena Toraño

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Helena Toraño, secretos del nordés
Texto: César Iglesias

Bien sabe Helena Toraño donde residen los secretos del nordés. No todos, porque este aire que despeja los cielos de los territorios del Poniente ibérico y hiere con fiereza gélida es difícil de catalogar y mucho más de atrapar. Pero su empeño por retener ese viento ambiguo, mestizo, en el que se anudan los vendavales septentrionales y las corrientes orientales, está en el sustento de una obra creativa capaz de construir un relato que recorre las diversas geografías del misterio y sus sentimentalidades. 

Toraño parte con ventaja. Su origen y vivencias llaniscas, en ese Oriente asturiano en el que las nubes se amarran un día sí y otro también a las cumbres de las sierras del Cuera o del Sueve, la ha hecho conocedora de una topografía que es mucho más que un paisaje, un territorio en el que habita  un estado de ánimo,un lugar con una forma singular de estar, mirar y entender el mundo. Ese espacio extraño, plagado de cosas sencillas pero que ocultan múltiples enigmas, es el que que la artista asturiana ha sabido llevar a sus lienzos. 

Las palmeras importadas por los indianos a las tierras cantábricas, agitadas por el nordeste, no proceden del catálogo de los sueños de Helena Toraño, son parte de su vida y de su mirada. Al igual que lo son esas marinas donde saltan delfines sobre olas inmaculadas o los cielos con cúmulos de algodón rotos por un globo que desafía toda verticalidad. Pero todos ellos, ejecutados con pinceladas precisas y acertadas, con tonos planos y con la técnica de la superposición y acumulación de imágenes, son algunas de las postales que la pintora llanisca nos remite desde esa región que ha sabido trazar en los mapas donde la realidad se aparea con los sueños. 

Metamorfoseada en una Patricia Highsmith o un Georges Simenon cantábricos, Helena Toraño ha sabido levantar con los elementos de su territorio biográfico unos escenarios donde figuras de gabardinas largas, gafas negras, sombreros ladeados y pañuelos anudados esconden sus rostros, espían infidelidades amorosas o huyen por los laterales donde el lienzo tiene sus fronteras. Y son esos personajes de línea clara y colores vivos, los que desatan el misterio, los que avivan la inquietud del espectador por desentrañar los enigmas de nuestra existencia. Hay también un soplo melancólico en su obra, similar al que se encuentra en Helena o el mar del verano, esas poco más de 80 páginas que el gijonés Julián Ayesta nos legó en la década de los cincuenta del pasado siglo para fosilizar un mundo que se daba a la fuga. 

Y junto a los personajes que velan el secreto se perpetúan los otros motivos que son las señas de identidad de la obra de Toraño. Los vinilos de Françoise Hardy o de The Pastels, los muñecos naíf de todoauneuro, los carteles de las películas de Jean-Luc Godard o de Jacques Tati, los jardines de plantas imposibles, los gatos, perros, zorros y pájaros... forman parte de la materia que identifica esa comarca feliz, melancólica y siniestra en la que habita la artista llanisca. 

La virtud de Toraño es que no renuncia a las tradiciones. Y lo hace en plural, sin prejuicios. Le es ajena la mística de esas vanguardias que reniegan del esfuerzo y los aciertos pretéritos. Sin embargo, no tiene reparos en reconocerse tanto en los equilibrios renacentistas como en las perturbaciones creativas de las corrientes artísticas más sensatas que alumbró el Romanticismo. Fácil sería alinearla entre los seguidores de los impresionistas, de Henri Rousseau y su primitivismo, del Pop-Art de David Hockney, Peter Blake, Luis Gordillo y Eduardo Úrculo o, también, de los figurativistas madrileños de finales de los setenta del siglo pasado. De todos ellos ha aprendido Helena Toraño, pero no oculta que también ha sido seducida por la obra de Boticelli, Matisse, Hopper y Magritte, Balthus... 

Ese nordés, viento ventrílocuo que susurra tantas y distintas formas de entender el mundo que nos rodea, ha contribuido con sus aires luminosos y glaciales a construir las obras que integran Top secret, la última producción de Helena Toraño para la Galería Gema Llamazares. La pintora llanisca, conocedora de los misterios de ese aire que azulea los cielos, enfría las almas, encresta las aguas y bate las palmeras, sigue construyendo  con los materiales de un entorno vivido y sentido una obra de aliento onírico, con la suficiente fortaleza creativa para emocionar y conmocionar.      

Llanes, Asturias, 1984


A Helena Toraño le gusta decir que su interés por la pintura le viene de siempre. La que fuera una pasión infantil se convirtió después en su objeto de especialización universitaria (es licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, 2007); y, desde entonces, ha sido su principal dedicación, que se ha manifestado en una amplia variedad de formatos: fueran muestras colectivas (en galerías asturianas como Adriana Suárez, Espacio Líquido, Guillermina Caicoya, Lola Orato...), exposiciones individuales ("Pop", Sala Borrón, Oviedo, 2010; "Interiores", Galería Adriana Suárez, Gijón, 2011), la selección de su obra en numerosos certámenes y concursos regionales (Certamen Nacional de Arte de Luarca, el Certamen de Pintura Contemporánea "Casimiro Baragaña", Certamen de Pintura de Villaviciosa, Bienal de pintura de Noreña), o la invitación a participar en diversos proyectos artísticos ("Ópera+Artes", Teatro Campoamor, Oviedo 2012; "Artistas y Derivados", Museo Barjola, Gijón, 2016).    

Los últimos años no han venido sino a confirmar que aquella pasión infantil merecía semejante obstinación: en 2014 resultó galardonada con el "Premio Asturias Joven de Artes Plásticas" por su composición "Las Cosas"; en 2015 tuvo lugar su exposición individual "Buen Otoño nos espera" (Sala Borrón, Oviedo / Valey Centro Cultural, Castrillón) y en el año 2016 pasa a ser representada por la Galería Gema Llamazares y durante ese mismo año está presente en varias ferias de arte de la mano de la Galería: JustMad7 donde su obras "Ni lo sueño" es seleccionada para el Premio Pilar Citoler al Coleccionista Joven. También asiste a Art Marbella y a Feria Arte Oviedo.   

En 2017 se presentó en Madrid en una individual "Las horas libres", formada por una veintena de cuadros que se expusieron en la Galería Utopía Parkway. También han visto a la luz recientemente varios trabajos de diseño editorial (ilustración de la novela El Gran Gatsby para la editoria Uvebooks, o el arte de los discos "Hacia el mar" de Lavandera o "Entretiempo" del dúo Møna). Este mismo año, recibe el encargo de Art Mustang Projects para la realización de una colaboración específica adquiriendo también obras suyas que pasarán a formar parte de la colección de la Fundación.   

Aparte de su actividad plásticas, Helena Toraño forma parte desde 2012 del proyecto musical Los Bonsáis, junto con Nel González. Desde entonces, ambos han editado cuatro referencias con el sello discográfico Elefant Records: "Ultramarinos" (2012), "Martín Pescador" (2013), "Nordeste" y "¡Fanzine!" (2015), en los cuales Helena -además de componer, tocar la guitarra y cantar- se ha encargado de la imagen del grupo (videoclips, fotografías, artwork...).   

En septiembre de 2017, Helena llevó a cabo su exposición más ambiciosa hasta la fecha, Top Secret, ya que abarcó diferentes soportes: lienzo, instalación y vídeo. Se presentó en la inauguración por el escritor y periodista autor del texto Julio César Iglesias.

En marzo de 2018 inauguró su exposición para Art Mustang "Viento a favor" y ha formado parte de la colectiva "#Stories" en la 6a Galería d'art de Palma de Mallorca.


Top Secret

14 Sep. 2017


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