Rito XIX Soledad Cordoba
Soledad Córdoba Purificación_1
Rito XXIII Soledad Córdoba
Purificación_1 Soledad Cordoba
RITO_33_Soledad Córdoba
Purificación_3 Soledad Córdoba
Rito XIX Soledad Cordoba
Soledad Córdoba Purificación_1
Rito XXIII Soledad Córdoba
Purificación_1 Soledad Cordoba
RITO_33_Soledad Córdoba
Purificación_3 Soledad Córdoba

El alma caleidoscópica de Soledad Córdoba

Texto: Zara Fernández de Moya

 

En esta magnífica galería, Soledad Córdoba presenta su segunda parte de su Trilogía el alma: Purificación, donde su cuerpo de mujer, elemento central de toda su obra, se funde con el desierto como un organismo animado, como región irreductible donde explorar diferentes estados del alma (génesis de sus visiones poéticas) en los que lo bello y lo sublime, como diría Eugenio Trías, en tanto que categoría única, se manifestaría como "presencia divina, encarnación, revelación del infinito en lo finito".


La trilogía de Soledad Córdoba parecería revelar así el sentimiento romántico de lo sublime, donde, siguiendo al citado filósofo, "lo infinito se mete así en nosotros, en nuestra naturaleza anfibia de espíritus carnales". Lo inconmensurable, el desierto abismal, es contemplado y habitado por un sentimiento ambivalente de angustia y gozo. La conciencia de la superioridad de la naturaleza llevaría a la artista a preguntarse por los enigmas primordiales, por los estados del alma ya explorados en Devastación y Resistencia, germen de esta Trilogía del alma. En estos proyectos seminales, las obras actuán como pruebas de una transformación devenida tras una experiencia desoladora, y a su vez funcionan como un medio para encontrar una vía de sanación (Devastación) o son «acciones de fuerza», bajo la pregunta de si resistir es existir (Resistencia). El visitante, por lo tanto, podrá recorrer los diferentes estados a través de fotografías, vídeos, instalaciones y dibujos, como expresión universal del alma caleidoscópica, acompañando el propio proceso de transformación de la artista.


En esta travesía hacia la inmensidad, hacia sí misma, Soledad elige el desierto como lugar propicio para la revelación, para la trascendencia. Ella misma lo relata como un camino místico, un viaje iniciático, o el camino misterioso que describía Novalis, "que va hacia el interior; dentro de nosotros, donde está la eternidad con sus mundos, el pasado y el porvenir".


En el conjunto de sus visiones poético-performativas gravitan símbolos que conforman su mitología personal: la piedra, las cuerdas, el velo negro, el hilo-oro o la rosa negra. Elementos de su exploración espiritual que conectan con lo inefable y lo intangible, y nos invitan a penetrar en los abismos del inconsciente, de las grandes revelaciones, pero también, como apuntara José Jiménez, en su proceso consciente de superación personal: "Arrastrar las piedras de la existencia, girar en torno a ellas, hasta conseguir dominarlas, convertirlas en escala de la elevación". Desde arriba, trascendida, las imágenes de Soledad Córdoba provocan estremecimiento y verdad. Obedecen a una exigencia imperiosa de su ser, no tienen nada que ver con la complacencia del yo. Son expresión universal del alma; de la mujer peregrina, guerrera, maga; de la mujer trascendida, purificada, renacida.