Dentro de la montaña
La mudanza
Dejate llevar
La sopa
La montaña
Dentro de la montaña
La mudanza
Dejate llevar
La sopa
La montaña

De dentro a fuera


"El empleo de la biografía propia, no sólo como material disponible a elaborar, con el que manejarse, sino como motor de toda la obra artística, es una constante para Guillermo Peñalver (Tarragona, 1982) desde sus inicios. Tema y asunto, pretexto, lógica de una narración concreta que, al hacerse pública, aspira a alcanzar el valor de símbolo que universaliza lo que es tratado en primera persona y desde la óptica particular, incluso privada." Con estas palabras, el crítico Óscar Alonso Molina nos introducía en el último proyecto del artista, Autorretrato en interior, que se pudo ver en el Museo ABC de Madrid hace unos meses.

Y en efecto, bajo esta premisa donde lo personal y lo público, lo íntimo y lo universal transfieren sus respectivas influencias, es como hay que encarar todavía el trabajo Peñalver. Esos dibujos y trabajos de "marquetería con papel y cartulinas" tan singulares suyos, que ahora, por segunda vez en solitario, presenta en la galería Gema Llamazares, de Gijón, desde el 13 de marzo hasta el 9 de mayo.

De hecho, el título elegido para la ocasión, De dentro a fuera, alude una vez más a esa membrana permeable que hace que los momentos particulares del artista, sus escenas domésticas, sus ritos privados, se erijan en escenas donde cada espectador puede proyectarse, sintiéndose a sí mismo como protagonista. El paso para conseguirlo pasa por entenderlas literalmente como fenomenales alegorías existenciales.

Después de haber trabajado durante más de dos años en su anterior proyecto como en una suerte de ambicioso autorretrato de múltiples facetas, Peñalver se da media vuelta y deshace el camino. Recupera así numerosas ideas que durante el arduo proceso de trabajo tuvieron que ser abandonadas momentáneamente. Como es natural, durante ese tiempo de espera él mismo reconoce cómo "el paisaje ha ido transformándose, los arcenes se han poblado de malas hierbas, el césped está algo descuidado, y nada es nunca de nuevo aquello que fue..."

Estos nuevos escenarios posibilitan al artista nuevos experimentos, probar fórmulas inéditas, una cierta libertad temática, formal y procesual, tras la tensión/concentración mantenida en torno a una idea obsesiva. El resultado muestra el placer por concentrarse de nuevo en obras-narración, aisladas, susceptibles de concentrar en sí mismas una historia completa desde su presentación a su desenlace.

De este modo, la exposición puede entenderse como un conjunto más abierto de asuntos; imágenes un tanto dispersas y con algo de ligero, festivo, lúdico sobre sus preocupaciones de siempre, que ahora son tratadas como una bocanada de aire fresco y manera más abierta. Por ejemplo, despegándose por primera vez en mucho tiempo del riguroso blanco y negro en que el artista se mantuvo durante el anterior proceso como premisa inamovible, y que ahora ha dado paso a nuevos dibujos a todo color.